Somos lo que sentimos, o, sentimos lo que somos.

Por Susi Robles

Cuando digo somos lo que sentimos, es, porque creo que el cambio permanente en el ser humano es lo que guía su andar por el mundo, esas sensaciones que motivan, impulsan o paralizan nuestro estar, por ello es que me resulta importante plantearlo.

Estamos en una época signada por la ansiedad, el miedo a la violencia y sobre todo el cuestionamiento sobre los valores que enriquecen a una persona, a una sociedad. El desafío es aprender a sentir de forma consciente, responsable y libre.

La realidad global nos hace ver que la violencia e incongruencia están arrasando al hombre, será que tenemos algo que aprender de ello, para qué está sucediendo esto o aquello; qué puedo, quiero o necesito escarbar en mí persona para contrarrestar lo que acontece, lo que me sucede y pasa a mi alrededor.

Una frase del escritor inglés Charles Dickens dice que, “Cada fracaso enseña al hombre algo que necesita aprender”. Si partimos de esta idea, podemos decir que estamos fracasando como humanidad, que hacemos caso omiso de ese aprendizaje, lo ignoramos y lo cubrimos con algo que nos distraiga de la realidad, es decir, que no se toma conciencia de todo lo negativo que lastima al ser humano y por consecuencia a nuestro planeta, estamos bajando nuestra vibración y olvidamos practicar, pensar o sentir en positivo, sentir desde el amor, desde la paz interior, pero, todo indica que mucho se vive desde la negatividad, la violencia, el éxito sobre la esencia, y lo que podemos hacer para transformarla y  mejorar nuestra realidad personal y global es:

Identificar las sensaciones positivas en nuestro cuerpo.

Autobservación en la soledad.

Silencio para percibir que estás vivo.

Practicar el sentimiento comunitario y global.

Sensaciones positivas. – les llamo a aquellas que nos llevan a experimentar emociones de alegría, afecto, gratitud, serenidad, etc. Porque son las van a elevar la vibración corporal para modificar y mejorar nuestra presencia en el mundo, que a su vez recorre y llega a muchos contextos.

Autobservación en soledad. –  me refiero a la soledad que construye y nos ayuda a distinguir lo que realmente me lleva a vaciarme, a rehacerme e integrarme como persona, como ciudadano global.

El silencio. – como consecuencia de la soledad, es aprender a escuchar, es silenciar la mente, el cuerpo y advertir la vida en mí, esa que está unida a otras, al mundo.

La práctica del sentimiento comunitario. – es saberte unido por hilos invisibles desde nuestros ancestros hasta la actualidad, todos somos uno en el mundo y por lo tanto somos responsables de mejorar el mundo desde nuestra persona.

Por esto es que creo que no siempre sentimos lo que somos al anestesiar nuestra esencia, la que finalmente nos permite abrir nuestra mente, cuerpo y espíritu a la vida. Cuando nos suceden circunstancias inesperadas o no, repetimos aquella frase que nos puede ayuda a estar; todo sucede para algo, un aprendizaje, un darte cuenta o simplemente una confirmación de lo que se desea o necesita.

Aprender a sentir es más que expresar un sentimiento, es desde mi perspectiva un darte cuenta de cómo te relacionas contigo y con el mundo.

Estamos obligados a tener tareas concretas para la mejora personal, para hacer un cambio drástico en la realidad global que parece nos rebasa.

Date a la tarea de percibir toda manifestación propia con esos compromisos de reciprocidad, desafíate para aprender a potencializar las sensaciones de paz interior, de esos sentimientos que unen; y sé un practicante de la soledad y el silencio para responder a las necesidades del mundo actual.

Sentir lo que somos implica despertar, abrirte al mundo desde ti, unir tu hilo invisible a todo ser vivo, al mundo.  

Somos seres espirituales y una de las funciones del espíritu es precisamente la de dar vida, iluminar, es decir esa luz que ilumina tu inteligencia, tu afectividad, tu sensibilidad y conciencia que transforman y trasciendan por el mundo, para el mundo.

Existen muchas prácticas espirituales que puedes experimentar desde tus creencias presentes, esas creencias que fortalecen, esas que llevan a experimentar emociones y sentimientos de comunión. No es que tengas que hacerlo de una u otra manera.

En conclusión, creo que sentimos lo que somos y a veces somos lo que sentimos, la veleidad humana nos supera en muchas ocasiones. Hoy puedo amarte, mañana no, hoy me agrada tal o cual cosa, mañana tal vez sí o tal vez no.

Eso es lo que podemos aceptar en nuestra realidad humana que somos tan cambiantes como perfectibles, únicos e irrepetibles. La intencionalidad de sentir desde la paz, el amor, lo constructivo es el reto, ser aceptantes de nuestra imperfección es lo que puede impulsarnos a la perfección. Creo desde el fondo de mi corazón que, si practicamos de forma cotidiana la soledad, el silencio, la autobservación y estar en comunidad, sin juicios, sin expectativas personales, podemos envolvernos en un mundo lleno de posibilidades transformadoras al amor desde el amor.

Déjate llevar a la soledad, escucha con tu corazón en el silencio, obsérvate sin juzgar y date la oportunidad de ser lo que sientes desde lo profundo de tu esencia.

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